🌙 Capítulo 1: Parte 1
Tokio, febrero de 2020.
El aire ya empezaba a sentirse extraño. No era invierno, no era primavera. Era esa calma tensa de algo que no sabías que estaba por explotar.
Tessa sostenía una copa de vino blanco sin mucho entusiasmo. La había dejado sobre el marco de una ventana abierta, ignorando por completo el tipo de fiesta elegante en la que se encontraba. No conocía a casi nadie, salvo a Meisa, quien en ese momento estaba rodeada de productores, fotógrafos y modelos que hablaban de nuevas campañas y del supuesto “regreso de los 2000s”.
Tessa se había reído cuando uno de ellos mencionó que todo el pop japonés estaba hecho para vender fantasías. "¿Y qué no es eso justo lo que hace falta?", dijo con una sonrisa sarcástica mientras tecleaba en su celular.
Estaba anotando ideas para su pequeño blog de viajes. Tenía meses planeando este viaje. Años ahorrando desde que dejó las pasarelas para enseñarle canciones y figuras a un grupo de niños de preescolar. El mundo de los adultos le resultaba agotador. Siempre tan falso, tan ensayado, tan... editado. Incluso esta fiesta parecía una escena reciclada de una revista de moda.
—¿Se puede fumar aquí? —preguntó una voz masculina a su lado.
Ella levantó la vista, no esperando que nadie se dirigiera a ella. Y menos él.
Tessa lo reconoció al instante. No por los videos musicales o los dramas, sino por una foto que tenía pegada en su diario desde los 22. Una donde él sostenía una guitarra y miraba a la cámara como si supiera que eras tú quien iba a verla.
—No soy japonesa, no sé las reglas exactas del balcón —respondió en inglés con un leve acento, intentando sonar casual.
Ryo alzó una ceja, medio divertido.
—Entonces digamos que es zona neutral. Nadie se queja si nadie ve.
Ella sonrió. Era justo lo que necesitaba. Una burbuja lejos del ruido, compartida con un desconocido demasiado famoso como para ser real.
—¿Y tú? ¿Tampoco te gustan este tipo de reuniones? —preguntó, cruzando los brazos sobre su suéter amarillo delgado. Uno que no combinaba con nada más que su estado de ánimo.
—No. Son como los cumpleaños forzados. Hay pastel, sí... pero no puedes irte sin saludar a todos.
Tessa soltó una risa inesperada. No de esas falsas que usaba en las redes. Una real.
Ryo encendió su cigarro. Exhaló con calma, mirando la ciudad desde el balcón. Nadie en la fiesta parecía notar que él ya no estaba adentro.
—¿Estás de paso? —preguntó sin mirarla, como si quisiera que fuera más fácil responder.
—Sí. Y no. Estoy... posponiendo una vida. O empezando otra. No estoy segura.
—Buen momento para hacerlo —dijo, girándose apenas para verla de perfil—. El mundo está por detenerse.
Ryo le lanzó una mirada que parecía contener meses de presentimientos.
—Porque nunca había visto tantas máscaras vendiéndose como si fueran souvenirs.
🌙 Capítulo 1 (parte 2): Zona neutral
—¿Te puedo hacer una pregunta sin que pienses que soy una loca? —Tessa lo miró de reojo, mordiendo apenas su labio inferior.
—¡No! Bueno... sí, pero no como fan. —Tessa se acomodó contra la pared, cruzando los tobillos como si así pudiera anclarse—. ¿Alguna vez te sentiste atrapado en tu propia imagen?
—Yo me escondí detrás de la mía mucho tiempo. Cuando dejé de modelar pensé que el mundo se iba a olvidar de mí... pero resultó que yo también quería olvidarme de eso. Ser maestra me devolvió el alma. —Se encogió de hombros—. Y ahorrar por años para este viaje me hizo sentir que la vida... todavía vale la pena.
Silencio. Pero uno cómodo. De esos donde no se necesita decir más para sentir que estás exactamente donde debes estar.
Tessa pensó que ese momento iba a terminar ahí, como todos los encuentros casuales en Tokio. Pero no fue así.
—¿Tienes planes mañana? —preguntó él, casi con indiferencia. Como si solo quisiera una excusa para no pensar en las noticias.
—Hay un lugar que me gusta. No tiene cámaras, ni ruido. Y venden el mejor café de la ciudad. —Ryo apagó el cigarro en una maceta vacía—. Si todavía estás posponiendo tu vida… podrías empezar ahí.
Ella sonrió. No dijo que sí. Tampoco que no. Solo sacó su teléfono y lo desbloqueó.
—Mañana a las diez —dijo él, ya caminando de regreso al salón—. Y tráete esa libreta. Quiero saber qué tanto escribías antes de que llegara.


